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Padres y expertos creen que las clases virtuales son un 50 por ciento menos efectivas que las presenciales

Una encuesta realizada por la organización Eco Educativo reveló la opinión sobre el tema de familias de 20 jurisdicciones del país: “Es fundamental sostener la presencialidad y garantizar la correcta aplicación del protocolo sanitario”.

Educación
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El sondeo, realizado por la entidad que se define como “ecosistema federal y republicano”, abarcó los distritos de CABA, Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Chaco, Chubut, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones, Neuquén; Río Negro, Salta, Santa Cruz, San Juan, Santa Fe, Tierra del Fuego y Tucumán.

A partir de los datos recibidos, se analizó la presencialidad educativa por nivel, comparando en cada una de ellas las respuestas de ambas gestiones: estatal y privada. Para la mayoría de las familias que participaron en la consulta, es fundamental sostener la presencialidad y garantizar la correcta aplicación del protocolo sanitario.

“La escuela, en esencia, es integradora, inclusiva y ordenadora. No existe uniformidad en el acceso a la educación, tampoco existe una conducción clara en la crisis, factor que aumenta la incertidumbre. La apertura efectiva de las aulas depende, en gran medida, de cada institución. Algunos factores han complejizado aún más el contexto, como los paros docentes. Es inviable considerar que la presencialidad debe estar ligada únicamente a la implementación del plan de vacunación que alcance a la totalidad de los docentes”, dijeron desde Eco Educativo.

En el conjunto de jurisdicciones consultadas, las clases virtuales se reducen al envío de tareas vía correo electrónico o por WhatsApp. Para la totalidad de los especialistas que participaron de la encuesta, no es serio considerar este intercambio como una clase. En estos casos, frente a un proceso educativo habitual, en la más optimista de las proyecciones, podríamos estimar que la enseñanza se ve disminuida en un 50%. En el caso de alumnos eximidos de la presencialidad, por razones de salud o sociales, las familias exigen opciones de conectividad y equipamiento, si no cuentan con los recursos suficientes para proveerlas por sí mismas.

Del total de respuestas registradas de todas las jurisdicciones señaladas, el 36% no tiene clases presenciales. Tienen este tipo de clases a nivel país el 64%. En CABA, el 100%; en Provincia de Buenos Aires (PBA), el 65%; y, en el resto de las jurisdicciones de la Argentina, el 75%.

En la Provincia de Buenos Aires, del 46% que informa que sus hijos no tienen clases presenciales, preocupa que la mayoría (88%) refiera no tener tampoco clases virtuales. Por otra parte, crece el reclamo de padres cuyos hijos van a escuelas con modalidad doble jornada que hoy en día cursan jornada simple. Un buen número de familias marcó como necesario que sus hijos recuperen la normalidad escolar para poder volver a trabajar.

En la mayoría de las veces, la virtualidad no se traduce en clases sino al envío de trabajos prácticos a través de plataformas digitales o redes sociales (Facebook y/o WhatsApp), muchas veces sin consignas claras ni clases previas. “Los profesores solo envían trabajos en pdf. No dan clases por zoom y tampoco las envían grabadas. Ya hicimos reclamos a la dirección y no tuvimos respuesta. Hasta fin de marzo están realizando diagnóstico de contenidos, no están dando clases”, afirman padres de alumnos de una escuela de La Matanza.

En tanto, en Ciudad de Buenos Aires, los encuestados refieren mayor presencialidad y organización de los protocolos frente al resto de las jurisdicciones. De todos modos, los padres aspiran a volver a las jornadas ordenadas y completas. De esa forma, alcanzarían una dinámica familiar que se reflejaría en una normalidad que les permita trabajar más cómodamente.

Conclusiones del estudio

“En buena parte de las jurisdicciones del país, no hubo un verdadero retorno a la presencialidad escolar. Este problema fue detectado en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Chaco, Formosa, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego”, sostuvieron desde Eco Educativo.

Para ellos, y para la abrumadora mayoría de los docentes, académicos y especialistas, el retorno a la presencialidad escolar debiera ser una descripción equivalente a la recuperación del derecho consagrado en la Constitución Nacional de enseñar y aprender. En sentido contrario, lo que se evidencia en las escuelas y ratifica la consulta es una simulación de ese derecho, “una fachada que esconde, por un ciclo lectivo más, la postergación que el gobierno impone sobre un enorme conjunto de los alumnos del sistema”, dijeron.

De acuerdo con los especialistas y las familias consultadas en el sondeo, no son suficientes las imágenes de guardapolvos blancos frente a establecimientos para plasmar un verdadero proceso educativo. Para alcanzarlo en el actual contexto sanitario, al menos deben verificarse las siguientes condiciones:

  • Los equipos directivos, docentes y auxiliares de los establecimientos educativos de todos los niveles y modalidades deben manejarse con suficiencia en protocolos claros de prevención del COVID-19.
  • Todas las escuelas deben contar con la provisión establecida de los elementos de cuidado y protección.
  • Los procesos administrativos del sistema deben asegurar que todos los cursos tengan los docentes previstos al frente. Las esperables solicitudes de licencias adicionales a raíz del cuadro epidemiológico deben traducirse con celeridad en las correspondientes licencias.
  • El intercambio entre alumnos y docentes debe alcanzar, al menos, el piso mínimo de horas que permita sostener el proceso educativo en todas sus dimensiones.
  • Los equipos directivos y docentes deben recibir desde las autoridades de cada jurisdicción lineamientos pedagógicos que permitan afrontar el especial desafío que propone este tiempo. Mucho más aún si se considera el casi nulo contacto establecido durante todo 2020. El rol del docente es inestimable. De ellos depende, primordialmente, el progreso de cada uno de los chicos en cada asignatura y monitorear su desarrollo emocional y psíquico. Pero no deben ser abandonados frente a esa tarea colosal. Guías áulicas, contenidos secuenciados y capacitación situada deben asistirlos para resolver el cómo del día a día.
  • Las jurisdicciones deben desplegar herramientas sistémicas para volver a llevar a las aulas a los alumnos absolutamente desvinculados de la escuela durante el trágico 2020. Distintos organismos han estimado su cantidad en un piso que supera el millón y medio.
  • Testimonios de miembros del sistema e información propia señalaban los déficits que ratifican las respuestas de las familias que aceptaron la invitación a sumarse a la encuesta: no se están cumpliendo estas condiciones indispensables para incluir a los chicos en el verdadero camino del conocimiento. Sí pueden verse, como en tantas otras variables de un sistema tan amplio como el educativo en una nación, que directivos y docentes marcan la diferencia en establecimientos puntuales. Lo que buscamos subrayar es que ese fenómeno es fruto del compromiso y talento de algunos equipos, excepciones que confirman la regla: las autoridades de los ministerios señalados no están asegurando, en base a políticas públicas, el derecho a la educación.
  • Debería exigirse a cada jurisdicción la publicación de los procedimientos evaluativos a implementar para garantizar la incorporación de los NAPS (Núcleos de Aprendizajes Prioritarios) en cada nivel educativo y los contenidos mínimos esperados. También sería oportuno que exista alguna propuesta de nivelación.
  • Economía: la escuela funciona también como un ordenador. Los chicos en la casa limitan las posibilidades de trabajo de sus padres, sobre todo en sectores informales.

Desde Eco Educativo concluyeron: “Este informe tiene un único propósito. Ante un problema de semejante envergadura no podemos ser indiferentes. Debemos recuperar estas dimensiones. Necesitamos que cada uno de los niños despliegue todo su potencial. La escuela es el camino para incorporar valores, alcanzar una ciudadanía plena y responsable, ser parte activa de la cultura. Si no lo logramos, los chicos estarán condenados a menor desarrollo personal y profesional, menor empleabilidad, menores ingresos a lo largo de toda la vida para ellos y sus familias. Y más allá del impacto individual, esta tragedia educativa amenaza el futuro del país”.

Fuente: TN.

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