Un nuevo año, un nuevo mundo, ¿una nueva escuela?

¿Qué lecciones aprendió la comunidad educativa durante el 2020? En un encuentro organizado por la plataforma Ticmas, tres especialistas respondieron esa pregunta y abordaron oportunidades y amenazas del nuevo año lectivo que acaba de empezar.

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La plataforma Ticmas organizó una serie de encuentros en torno al nuevo ciclo lectivo que se inicia, para reflexionar sobre las experiencias que dejó el 2020 y los desafíos del 2021. Ante la interrupción de las clases presenciales, la educación se abre a un escenario de cambios, pero ¿esto es bueno o malo? Presencialidad, virtualidad, evaluaciones, planes de estudio, la irrupción de la tecnología: ¿qué deben tener en cuenta los docentes? ¿Es posible una nueva comunidad educativa sin miedos ni frustraciones?

Para pensar estos interrogantes, Ticmas convocó a tres importantes referentes. El nombre de Juan María Segura está asociado a la innovación educativa. Fundador de CircusEdu, es académico y consultor de diferentes instituciones educativas de América latina. Silvina Goldfischer es facilitadora pedagógica digital en el Ministerio de Educación y coordinadora de contenidos curriculares de Ticmas. Santiago Bermúdez es el director de Ticmas y un referente en desarrollos tecnológicos apuntados al ámbito educativo. Los tres especialistas participaron en un debate moderado por Patricio Zunini en el que, a partir de la evaluación de un pasado intimidante, indagaron las expectativas por un futuro provocador.

7AYRBGTZ6BDCJJSB5T3XMMJ5VEJuan María Segura

2020, un balance entre el debe y el haber

“A nivel tecnología”, comenzó Bermúdez, “tuvimos la oportunidad de entablar un vínculo con docentes, directivos y estudiantes que nunca antes habíamos tenido. Participamos en cientos de capacitaciones docentes. Esa cercanía nos ayudó a entender qué necesitaban de la herramienta y, si bien ya estábamos robustos en la educación presencial, pudimos hacerla más sólida para la educación en la virtualidad. Creo que el contexto del año pasado no se va a repetir, pero si se llegara a implementar por momentos, estamos preparados para afrontar los cambios”.

Juan María Segura fue más crítico: “Lo más importante que deberíamos haber aprendido no lo aprendimos. Deberíamos haber aprendido a interpretar la Generación Z que hoy coloniza el sistema escolar y universitario. Esos chicos tienen unas características generacionales distintas a las anteriores porque nacieron en un entorno tecnológico y tienen formas de conducirse y de abordar el conocimiento y sus vínculos y sus logros y su experimentación de una manera totalmente diferente a cómo la escuela las aborda. Es cierto que los docentes tuvieron que hacer un proceso de readaptación, pero al final del año hicimos muy poco. Y en parte por eso estamos rogando que vuelva la presencialidad, porque es nuestro territorio. Ahora, la pregunta del millón es si en esa presencialidad es donde se potencian los aprendizajes de los Z. Y estoy convencido que no”.

“Fue un contexto en el que se hizo lo que se pudo y lo que se pudo fue mucho”, dijo Goldfischer. “Creo que hay que rescatar el esfuerzo, el trabajo y la superación del miedo. Tenemos un camino allanado y aunque no trabajamos en todas las ventajas que tiene la tecnología educativa —no es lo mismo desarrollar un contenido analógico que digital— nos acercamos al aprendizaje de otra manera. Cuando usemos todos los recursos que nos da la tecnología vamos a hacer un salto cualitativo en educación. Poor lo pronto, nos obligaron a dar un paso: ahora nos falta construir y planificar ese paso con la tecnología”.

VS76MITNSRG2RMMEKIMVYAEUZMSilvina Goldfischer

El aprendizaje en grajeas

Una de las discusiones más frecuentes en la educación tiene que ver con la extensión del currículum de cada disciplina y la dificultad para hacer un recorte. En este sentido, el 2020 obligó —pero podrían entenderse también como generó una oportunidad— a que los profesores priorizaran contenidos y tiempos. En este contexto ganó relieve el concepto de cápsula de aprendizaje.

Qué es una cápsula. “Entender qué es lo interesante”, explicó Goldfischer, “y buscar actividades significativas para que no sean largas, sino para potenciar los espacios de encuentros que tengamos, tanto virtuales como presenciales. La cápsula tiene que ver con que algo bien acotado para potenciar el aprendizaje que hemos seleccionado especialmente del curriculum”

“Las cápsulas”, completó Segura, “es un fraccionamiento de tus propósitos de aprendizaje. No solo estás cambiando el formato de entrega, sino que además estás haciendo un fraccionamiento que lo hace más digerible. Y esto es sumamente importante por el span de atención. Está demostrado que su nivel atencional es de entre 4 y 8 segundos. Si pasados esos segundos no son cautivados abandonan la atención sobre ello y la dirigen hacia otra cosa. Esto es importantísimo porque nos obliga a revisar la forma en la que construimos interés sobre el alumnado. La cápsula tiene en su diseño indicios del juego online, en donde uno está permanentemente alimentando su trayectoria con consignas que el juego le presenta como estimulantes: niveles, recompensas, capturas que uno puede sumar a su propio equipaje. Todo ese fraccionamiento es esencial para que el centennial continúe interesado en esa trayectoria. Por eso la cápsula es clave”.

5TFV4EZDDRCRZITEOWOGJBGZ2ASantiago Bermúdez

El dispositivo como vehículo

El uso de los dispositivos es una señal que indica cómo se relacionan los estudiantes con el contenido. Santiago Bermúdez dio un dato muy significativo en relación a este punto: el teléfono celular es el rey. Antes de la pandemia, casi el 90% de los estudiantes usaba el teléfono para acceder a los contenidos; durante la pandemia, producto de estar en casa y tener acceso a una computadora, el porcentaje bajó, pero siguió como una mayoría abrumadora: más del 75%. Lo llamativo es que también los docentes usan el celular para resolver sus tareas. “En este sentido”, dijo, “ante cualquiera de las herramientas que elijamos, tenemos que hacerlo con la mayor diversidad posible de dispositivos abarcados”.

¿Cómo se seduce a los docentes que no quieren integrar la tecnología a la educación? “Yo creo que es nuestra responsabilidad capacitarlos y mostrarles que puede agregar como valor al usarla”, dijo Bermúdez. “Es capacidad de todos los que hacemos herramientas de tecnología de la educación hacerlo”. Segura, en cambio, remarcó el compromiso del docente por estar actualizado: “En la medida en que no nos alfabeticemos y no nos hagamos idóneos en el uso y no entendamos cómo se responde del otro lado a esa nueva experiencia de interacción, vamos a seguir empacados como unos nostálgicos”, dijo.

Fuente: Infobae

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